UN VIEJO INDIO ESTABA HABLANDO CON SU NIETO Y LE DECÍA:"Me siento como si tuviera dos lobos peleando en mi corazon.Uno de los dos es un lobo enojado, violento y vengador.El otro esta lleno de amor y compasión".EL NIETO PREGUNTO:" abuelo,¿dime cual de los dos lobos ganará la pelea en tu corazón?"EL ABUELO CONTESTÓ:"Aquel que yo alimente."

martes, 9 de noviembre de 2010

El Futuro o el Presente : el Mundo segun Petra Steinberger

Extracto del artículo “Als gäbe es ein Morgen”, de Petra Steinberger, publicado el 23 de octubre 2010 en el diario alemán Süddeutsche Zeitung.



El mundo tal y como lo conocemos va a sufrir una serie de transformaciones drásticas que seguramente no serán tan espectaculares como plantean algunas películas de ciencia ficción. Una mañana en un futuro no muy lejano nos despertaremos con la noticia de que cierta ciudad costera al fin se ha rendido ante la crecida del mar y sus diques ya no resisten la presión del agua. Oiremos hablar de las guerras entre los países cuyas tierras comienzan a ser conquistadas por el mar.


En el futuro, ya no tendremos acceso a tantos bienes de consumo baratos, no debido a nuestra conciencia ecológica, sino a que los precios del combustible harán del transporte mundial algo inviable. Por los mismos motivos, ya no volaremos en avión. Cultivaremos nuestras propias verduras con la esperanza de que sobrevivan a unos periodos estivales cada vez más largos y cálidos y a unos inviernos cada vez más fríos. Las enfermedades, potenciadas por los enormes vaivenes meteorológicos, nos esperarán agazapadas a las puertas de nuestros hogares, de los que apenas nos atreveremos a salir. La democracia se hundirá y nuestro único consuelo serán nuestras creencias religiosas.

Este cuadro apocalíptico no es fruto de la imaginación de unos cuantos lunáticos: diversas instituciones oficiales, en especial las militares, que son quienes se van a ver plenamente inmersas en estos conflictos, nos advierten del advenimiento de hambrunas, el colapso de la economía, el comienzo de guerras… Los servicios secretos, los ministerios de defensa y los consejeros de seguridad de las naciones más grandes del planeta forman parte de este grupo de profetas apocalípticos.

Por otro lado, académicos estadounidenses y analistas de seguridad están advirtiendo al ministerio estadounidense de defensa sobre el colapso de la globalización y la economía mundial. En el estudio “The Age of Consequences” (la era de las consecuencias) se afirma: “van a desencadenarse disturbios sociales acompañados de importantes conflictos por motivos religiosos e ideológicos, debido fundamentalmente a la necesidad del hombre de buscar motivos de esperanza en algún lugar”. Aquellos gobiernos que aún cuenten con algún poder tendrán que decidir a quién salvan y a quién no. Los potencias atómicas que tengan que sufrir de forma más drástica el cambio climático usarán la amenaza para imponer sus condiciones ante sus vecinos. “La civilización va a sufrir un colapso. El hombre no se dedicará a intentar salvar la civilización moderna, sino a sobrevivir”. Este escenario, que coincide con los datos del tercer informe sobre el clima del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), publicado en 2007, no alcanza sin embargo la gravedad del que plantea dicho informe.

Imagen de la película
"El Mundo de los Perdidos"

Hace poco, el organismo militar alemán Bundeswehr advertía en su informe Dezernat Zukunftsanalyse de que el cénit del petróleo o peak oil podría alcanzarse durante 2010. Sin embargo, la demanda de petróleo sigue aumentando, así como la lucha de poder por asegurarse las últimas reservas de este recurso. Según los autores del Dezernat Zukunftsanalyse, entre los próximos 15 a 30 años vamos a vivir las consecuencias de la inseguridad política. La creciente escasez de alimentos y su elevado precio podrían dar lugar a hambrunas, la quiebra de los estados y el desempleo masivo. Hace ya tiempo que la Agencia Internacional de la Energía, IEA, pronosticaba que, para el año 2030, el precio del petróleo habría alcanzado los 200 dólares por barril.

Ante esta situación, ¿qué podemos hacer? No solamente los grupos de trabajo, bien sean públicos o desconocidos, de los gobiernos, ministerios, servicios secretos e instituciones económicas se están preocupando por la seguridad energética y los efectos del cambio climático. También existen individuos tales como artistas, organizaciones de ciudadanos, ciudades enteras e iniciativas tales como las “transition towns” (comunidades en transición) que están proponiendo sus propias estrategias: organizarse la vida en pequeñas comunidades locales, regionales, autárquicas, relativamente independientes y abarcables. Cuanto más pequeño sea el esquema comunitario, más posibilidades tendrá de adaptarse a los cambios, de tomar decisiones y reaccionar de forma rápida, en especial si dejaran de funcionar las redes transnacionales de electricidad o comunicaciones. Un ejemplo de este tipo de comunidades es la pequeña isla danesa de Samso, de 4.200 habitantes, que el año pasado logró la independencia energética.

No existe un solo modelo de respuesta ante la escasez de recursos que se avecina. ¿Deberíamos aprovisionar nuestra despensa? ¿Comprarnos un terreno? ¿Hacernos con un arma? ¿Formar un ejército civil? ¿Deberíamos mudarnos a un pueblo donde tal vez aún se pueda construir una comunidad de emergencia, o es mejor quedarse en las ciudades, donde los hospitales, escuelas, policía e internet en teoría funcionarán durante más tiempo? ¿O es mejor desplazarse con la familia al campo con la esperanza de que nadie con malas intenciones pase por nuestra puerta? Ya sea con planes de acción concretos o mediante ideas dispersas, lo cierto es que el ciudadano apenas piensa ya en el estado como solución a sus problemas; más bien al contrario, este suscita cada vez mayores recelos. La forma en que el ciudadano elija prepararse ante los tiempos que se avecinan depende en gran medida del concepto que cada uno tenga de la humanidad: los hombres, ¿van a ayudarse mutuamente, o cada uno acaparará lo que pueda? ¿Cuánto tiempo aguantarán juntos ante el creciente caos, antes de que se derrumbe la civilización?

Existe información, libros y blogs de todo tipo que se ocupan de la cuestión de la supervivencia. Algunos, como el Curso para Sobrevivir el Peak Oil, muestran por ejemplo cómo construir una letrina, en caso de que el sistema público de desagües dejara de funcionar; o cómo conseguir agua potable, para el caso de que el sistema de suministro general quedara fuera de servicio; o cómo encender fuego y conservar alimentos, para el caso de que dejáramos de contar con electricidad, calefacción, sistemas de refrigeración, etc. Algunos prestigiosos horticultores ofrecen consejos sobre cómo cultivar los propios alimentos en el jardín. Los expertos agrarios promueven la conversión a una forma de agricultura sostenible y advierten de que la actual agricultura industrial es altamente dependiente del petróleo y el gas baratos para su utilización tanto en la maquinaria como en forma de pesticidas y fertilizantes.

Existe también un tipo de colapsitarios que están convencidos de que, tal y como el ave fénix resurgió de las cenizas, la caída del sistema podría suponer el surgimiento de una nueva y mejor sociedad. Entre estos colapsitarios extremistas se encuentran ecoanarquistas, tecnófobos y algunos economistas que están sacando provecho de la situación de recesión económica. Todos ellos coinciden en la celebración del colapso como el principio del fin de una sociedad basada en el consumo. Estos colapsitarios ven en el cambio climático, la escasez de recursos y la crisis económica la oportunidad para liberarnos de los vestigios de la sociedad industrializada, así como de la tan odiada industria financiera.

El mundo occidental cuenta con una gran tradición de pesimismo intelectual, en el que se proyectan diversas versiones de un colapso de la civilización que provoca ella misma. Podría ser que estos colapsitarios aportaran solamente una nueva versión de esta tendencia. Pero ¿y si esta vez tuvieran razón?

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